¿Son lo mismo resistencia a la insulina y prediabetes?
Francesca Blasco
Es una de las preguntas que más me hacen mis pacientes, y no es de extrañar, muchas personas reciben uno de estos dos diagnósticos en una analítica de rutina, buscan información por su cuenta, y terminan más confundidas que antes. Resistencia a la insulina y prediabetes no son la misma cosa, pero están profundamente relacionadas, de hecho, entender esa relación es clave para saber qué puedes hacer al respecto, y por qué merece la pena actuar cuanto antes.
Qué es la resistencia a la insulina
La insulina es la hormona que permite que la glucosa entre en tus células para convertirse en energía. Cuando tus células dejan de responder bien a esta hormona, hablamos de resistencia a la insulina: el páncreas tiene que producir cada vez más cantidad para conseguir el mismo efecto.
Al principio, este mecanismo de compensación funciona, tus niveles de glucosa en sangre pueden seguir siendo normales, porque el exceso de insulina consigue “forzar” la entrada de glucosa en las células. El problema es que esa insulina elevada de forma mantenida, una condición conocida como hiperinsulinemia, no es inofensiva. Se ha relacionado con aumento de peso, acumulación de grasa abdominal, inflamación de bajo grado y, con el tiempo, con el desarrollo de la diabetes tipo 2 (DM2).
Esto es lo más importante que debes entender, la resistencia a la insulina puede existir años antes de que aparezca cualquier alteración visible en un análisis de glucosa. Por eso mismo, mucha gente con resistencia a la insulina todavía no tiene ni siquiera el diagnóstico de prediabetes.
La resistencia a la insulina puede existir años antes de que aparezca cualquier alteración visible en un análisis de glucosa.
Qué es la prediabetes
La prediabetes, en cambio, es un diagnóstico basado en números concretos, significa que tu glucosa en sangre está más alta de lo normal, pero todavía no lo suficiente como para diagnosticar diabetes, es literalmente, un estado intermedio.
Para llegar a este punto, el páncreas ya no consigue producir la insulina necesaria, y no puede compensar del todo la resistencia a la insulina que mencionábamos antes, por elevada que sea, ya no basta para mantener la glucosa completamente estable. Es la fase en la que el sistema empieza a fallar.
La relación entre ambas: no son lo mismo, pero van de la mano
La forma más sencilla de entenderlo es como un proceso, no como dos etiquetas independientes.
Primero aparece la resistencia a la insulina, que suele ser silenciosa y puede no reflejarse en absoluto en una analítica estándar de glucosa. Si esta resistencia se mantiene en el tiempo sin abordarse, el páncreas empieza a perder la capacidad de compensarla, y ahí es cuando la glucosa en sangre comienza a subir por encima de los valores normales, ese es el punto en el que se diagnostica la prediabetes. Y si tampoco se actúa en esta fase, el proceso puede continuar hasta convertirse en DM2.
Dicho de otro modo, la resistencia a la insulina suele ser la causa de fondo, y la prediabetes es una de sus primeras consecuencias medibles. No todo el mundo con resistencia a la insulina desarrolla prediabetes, pero prácticamente toda persona con prediabetes tiene, en mayor o menor medida, resistencia a la insulina de base.
La resistencia a la insulina suele ser la causa de fondo, la prediabetes es una de sus primeras consecuencias medibles.
Cómo se diagnostica cada una
Aquí está una de las fuentes de confusión más habituales: la resistencia a la insulina no tiene un criterio diagnóstico único y estandarizado en la práctica clínica habitual, a veces se estima con fórmulas a partir de la glucosa y la insulina en ayunas, mientras que la prediabetes sí tiene valores concretos y establecidos:
• Glucosa en ayunas entre 100 y 125 mg/dL.
• Hemoglobina glicosilada (HbA1c) entre 5,7% y 6,4%.
• Resultado del test de tolerancia oral a la glucosa entre 140 y 199 mg/dL a las 2 horas.
Si tu analítica muestra alguno de estos rangos, tienes prediabetes, aunque te sientas perfectamente bien y no tengas ningún síntoma evidente. Y si tu médico te ha mencionado resistencia a la insulina sin darte estos números, es probable que se base en otros marcadores indirectos, como el perímetro de cintura, el perfil lipídico o síntomas como el cansancio después de comer.
Por qué esta diferencia importa para lo que haces a partir de ahora
Más allá del nombre exacto de tu diagnóstico, lo verdaderamente relevante es esto: ambas condiciones comparten el mismo abordaje de fondo, y ambas son, en gran medida, reversibles si se actúa con la suficiente antelación.
La alimentación, el movimiento diario, el descanso y el manejo del estrés no son recomendaciones distintas según si tienes resistencia a la insulina o prediabetes, son exactamente las mismas palancas, y cuanto antes se activen, con más margen de maniobra cuentas.
Esperar a que aparezca un diagnóstico de DM2 para empezar a cambiar hábitos es perder la ventana en la que más fácil resulta revertir la situación.
Si acabas de recibir cualquiera de estos dos diagnósticos, no lo vivas como una sentencia, ni tampoco lo minimices pensando que “total, no es diabetes todavía”. Es, en realidad, la mejor noticia posible dentro de lo que puede parecer un mal momento, tu cuerpo te está avisando con tiempo de sobra para hacer algo al respecto.
Tu cuerpo te está avisando con tiempo de sobra para hacer algo al respecto.
Entender tu diagnóstico es el primer paso, no el único
Saber en qué punto exacto de este proceso te encuentras te ayuda a entender por qué tu médico te recomienda ciertos cambios, y a tomarlos con la seriedad que merecen, sin miedo ni culpa. Pero el conocimiento, por sí solo, no cambia tus niveles de glucosa, lo que los cambia es lo que haces con él, de forma sostenida en el tiempo.
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